Desde los estigmas en torno a la menstruación, hasta el riesgo de embarazos no deseados, la criminalización de los abortos, la falta de atención a la salud materna, la desinformación y la negación de la autonomía reproductiva, las mujeres y las niñas se enfrentan a una dura realidad en cuanto a sus derechos de salud sexual y reproductiva. La violencia sexual aumenta su vulnerabilidad, y cuando ocurren ciertos acontecimientos estos problemas se intensifican.

Más allá de las repercusiones en la salud y el bienestar inmediatos de las mujeres y las niñas, existe una reacción en cadena que contribuye a agravar las desigualdades y la discriminación de género.

¿Qué hay que cambiar? Más abajo tendrá información adicional y verá cómo puede contribuir para cambiar la situación.

  Reconocer la crisis  

  Reconocer
la crisis  

No hay dos crisis iguales: pueden abarcar desde los conflictos armados hasta las catástrofes naturales, los trastornos económicos o sociales y las pandemias mundiales. Sin embargo, una característica común es que suelen afectar de forma desproporcionada a la salud, el bienestar y la seguridad de las mujeres y las niñas. Los efectos de los esfuerzos por resolver las crisis tampoco se distribuyen de forma igualitaria, y a veces pueden incluso profundizar las disparidades y amplificar el daño a las mujeres y las niñas.
Es necesario un cambio radical en la forma en que los gobiernos clasifican y responden a las crisis. El enfoque debe ser interseccional, tener en cuenta las cuestiones de género y reconocer las consecuencias a largo plazo de negar a las mujeres y las niñas el pleno disfrute de sus derechos de salud sexual y reproductiva.
La desigualdad de género es una crisis en sí misma, normalizada para muchas mujeres y niñas por siglos de patriarcado, colonización y racismo sistémico, y profundizada por la falta de protección legal.
El cambio comienza con el reconocimiento como una crisis de la desigualdad de género, sus causas profundas como la discriminación, y sus manifestaciones sintomáticas como la violencia.
En primer lugar, veamos algunos de los problemas que obstaculizan el progreso:
Leyes, políticas,
,
y prácticas discriminatorias

No se da prioridad a la salud sexual y reproductiva de las mujeres

Escasa o nula inversión
en la atención sanitaria sexual y reproductiva
No se rinden cuentas por
que viola los derechos de las mujeres y las niñas
No hay apoyo para
defensores de los derechos humanos de las mujeres
Exclusión de la toma de decisiones
Falta de compromiso
y responsabilidad
de los hombres
Oposición a través de
mal uso de la ideología
y la religión
Retos adicionales
en tiempos de crisis
Leyes, políticas,
,
y prácticas discriminatorias

No se da prioridad a la salud sexual y reproductiva de las mujeres

Escasa o nula inversión
en la atención sanitaria sexual y reproductiva
No se rinden cuentas por
que viola los derechos de las mujeres y las niñas
No hay apoyo para
defensores de los derechos humanos de las mujeres
Exclusión de la toma de decisiones
Falta de compromiso
y responsabilidad
de los hombres
Oposición a través de
mal uso de la ideología
y la religión
Retos adicionales
en tiempos de crisis

  Obstáculos agravados  

  Capas de complejidad
 

Aunque las crisis afectan negativamente el acceso de las mujeres y las niñas a la salud sexual y reproductiva, ciertos grupos de mujeres y niñas se enfrentan a obstáculos adicionales.
Las desigualdades preexistentes -como la discriminación basada en la edad, la raza, la situación socioeconómica y el origen étnico- pueden amplificar los riesgos y los retos a los que se enfrentan algunas mujeres y niñas. Por lo tanto, es importante ver los desafíos a los derechos de salud sexual y reproductiva a través de una perspectiva interseccional.
Si es una niña o
adolescente
Si vive en
una zona rural
Si tiene
una discapacidad
Si es una refugiada,
migrante o desplazada

Si pertenece a un grupo históricamente oprimido
y marginado
Si es una niña o
adolescente
Si vive en
una zona rural
Si tiene
una discapacidad
Si es una refugiada,
migrante o desplazada

Si pertenece a un grupo históricamente oprimido
y marginado

  ¿Qué hay que cambiar?  

  Lo que necesita
para cambiar  

Las crisis no siempre pueden prevenirse, pero sus efectos devastadores sobre los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas pueden evitarse si se toman medidas para mitigar los daños.
Sin embargo, para conseguirlo habrá que tomar medidas específicas. ¿Qué deben hacer los gobiernos, con la participación de los individuos y las comunidades, para respetar, proteger y cumplir adecuadamente estos derechos básicos?
  • Reconocer los derechos a la salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas como esenciales e integrarlos plenamente en los planes de crisis.
  • Garantizar el acceso oportuno a los medicamentos e intervenciones que salvan vidas.   
  • Garantizar en todo momento la seguridad y las condiciones de trabajo dignas del personal sanitario en las comunidades locales, promoviendo al mismo tiempo la atención y el apoyo comunitarios.
  • Aumentar la financiación pública para las organizaciones comunitarias que se centran en los derechos y servicios de salud sexual y reproductiva de mujeres y niñas.
  • Ampliar la disponibilidad de los servicios de salud sexual y reproductiva mediante la telemedicina y las clínicas móviles para llegar a diversas poblaciones.
  • Invertir más en infraestructuras físicas, como el agua y el saneamiento, el transporte público y las telecomunicaciones, y en los sistemas sanitarios.
  • Aprovechar los acuerdos institucionales, las redes y las instalaciones existentes para garantizar la distribución de productos e información sobre salud sexual y reproductiva en las comunidades locales.
  • Hacer del suministro de bienes y servicios integrales de salud sexual y reproductiva un componente básico de los programas de ayuda humanitaria. 
  • Cumplir con el umbral del 0,7% del PNB para la ayuda y la cooperación internacionales sin restricciones perjudiciales para los derechos de salud sexual y reproductiva. Hacer que el suministro de bienes y servicios integrales de salud sexual y reproductiva sea un componente básico de los programas de ayuda humanitaria.
  • Algunos países han reconocido formalmente los derechos de salud sexual y reproductiva en sus constituciones nacionales, mientras que otros los han reconocido como esenciales a través de los tribunales nacionales.
  • Garantizar el acceso a una gama completa de información y servicios anticonceptivos.
  • Despenalizar el aborto, ampliar el acceso a los servicios de aborto seguro y eliminar las barreras legales al aborto en situaciones de crisis. 
  • Garantizar el acceso oportuno a los servicios de salud materna y a la atención obstétrica de urgencia.
  • Llevar a cabo una auditoría nacional para evaluar las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas, incluyendo los problemas desatendidos relacionados con la violencia y la pobreza del período, entre otros.
  • Hacer que la autonomía, la privacidad y el consentimiento informado de las mujeres y las niñas sean fundamentales en todas las leyes y políticas de salud sexual y reproductiva.  
  • Abordar la sobre medicalización y el enfoque paternalista de los servicios de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas y reorientarlos en torno a la salvaguarda de la integridad corporal, la autonomía y la capacidad de acción de las mujeres.
  • Garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva respetuosos y no coercitivos para todas las mujeres y niñas, y tomar medidas adicionales para crear confianza con las comunidades que han sido históricamente marginadas.
  • Adoptar un enfoque intercultural y participativo de la salud sexual y reproductiva para garantizar que las mujeres y las niñas indígenas y de las minorías étnicas participen activamente en la elaboración y aplicación de los programas de salud que se les ofrecen. 
  • Desarrollar políticas y destinar recursos adicionales para abordar las formas múltiples e interrelacionadas de discriminación.
  • Eliminar los estereotipos discriminatorios contra las mujeres y las niñas y el estigma y los tabúes asociados a la salud sexual y reproductiva en la legislación, la política y la práctica.
  • Las organizaciones feministas y de defensa de los derechos de las mujeres que trabajan a nivel comunitario están en primera línea para garantizar los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas. Muchas de ellas participan directamente en la prestación de servicios e información sobre salud sexual y reproductiva y en la defensa de las leyes y prácticas discriminatorias.
  • Adoptar y aplicar marcos jurídicos y políticos claros y coherentes para orientar la prestación de servicios de acuerdo con las obligaciones en materia de derechos humanos.
  • Recopilar datos desglosados por sexo, género, raza, etnia y otros motivos para determinar la situación de los derechos de salud sexual y reproductiva y las necesidades de las diferentes poblaciones de mujeres.
  • Reconocer legalmente y aplicar un amplio conjunto de reparaciones para las violaciones de los derechos de salud sexual y reproductiva.
  • Adoptar medidas eficaces para poner fin a la violencia y el acoso contra las personas defensoras de los derechos humanos que defienden los derechos de salud sexual y reproductiva.
  • Adoptar medidas para garantizar que los proveedores de servicios sanitarios realicen sus tareas profesionales de acuerdo con los derechos humanos y cumplan con sus obligaciones éticas.
  • Algunos actores han implementado un "círculo de responsabilidad", que reúne a las comunidades locales, los gobiernos y otros actores en un esfuerzo de monitoreo dirigido por la comunidad para garantizar la responsabilidad de los derechos de salud sexual y reproductiva.
  • Aumentar la representación y la participación efectiva de las mujeres y las jóvenes en los procesos de toma de decisiones a todos los niveles.
  • Implicar sistemáticamente a diversas organizaciones feministas y de defensa de los derechos de las mujeres y las niñas en el desarrollo, la aplicación, el seguimiento, la evaluación y la mejora constante de la legislación, las políticas y las prácticas relacionadas con la salud sexual y reproductiva.
  • Construir procesos participativos que sean empoderadores, inclusivos, accesibles y no discriminatorios, prestando especial atención a las mujeres y niñas desproporcionadamente afectadas por las crisis.  
  • Integrar una perspectiva de género, edad, discapacidad e interculturalidad en todas las políticas y prácticas, y promover el liderazgo de las mujeres y los jóvenes.
  • Promover el compromiso y la responsabilidad de los hombres para hacer frente al sexismo generalizado, la misoginia, la violencia y la masculinidad tóxica, y para promover los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas.
  • Algunos parlamentarios y activistas masculinos han comenzado a promover mensajes positivos sobre cómo los hombres y los niños pueden ser actores activos en erradicar la masculinidad tóxica, y fomentar comportamientos positivos entre los hombres en tiempos de crisis, como se hizo en ciertas instancias durante las restricciones y confinamientos relacionados con la COVID-19.
  • Presionar activamente contra las ideologías políticas, religiosas y raciales extremistas que socavan la igualdad de género.
  • Oponerse a la desinformación y a las posturas religiosas que subvierten los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas.
  • Garantizar que la ayuda y la asistencia internacionales, incluida la asistencia humanitaria, se prestan de acuerdo con las normas de derechos humanos. 
  • Apoyar al sistema de la ONU en la lucha contra las ideologías religiosas perjudiciales que se oponen a los derechos de salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas.     
  • Oponerse a la utilización de cualquier influencia (política y financiera) que pudieran socavar y hacer retroceder los derechos de las mujeres y las niñas.
  • Algunos gobiernos se han opuesto a políticas retrógradas y contrarias a los derechos de las mujeres. Por ejemplo, 58 gobiernos emitieron una declaración conjunta en la que condenan las acciones dañinas que vulneran los derechos humanos de las mujeres y las niñas, y enfatizan la importancia de los derechos de salud sexual y reproductiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

  El efecto dominó  

Cuando las mujeres y las niñas puedan disfrutar plenamente de sus derechos de salud sexual y reproductiva, progresarán en otros campos y las sociedades se beneficiarán de su empoderamiento y sus contribuciones.

Debemos pasar de hablar de la desigualdad de género a eliminar sus causas profundas.

Para lograrlo, tenemos que abordar las brechas y amenazas existentes para la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas y las restricciones a su autonomía. El status quo es inaceptable.
Los beneficios de garantizar activamente los derechos humanos de las mujeres y las niñas se sienten más allá de ellas como individuos: se extienden a todos los niveles de la sociedad y a través de las generaciones. Si logramos este cambio, pueden ocurrir grandes cosas: ¿cuál es tu papel en todo esto?

  Así es como puedes ayudar  

Todas las acciones -grandes o pequeñas- crean un cambio. Aquí tienes tres cosas que puedes hacer hoy para formar parte del cambio.

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